Adicciones

 

 

 

Esta última semana y, coincidiendo con el retorno de las vacaciones, hemos escuchado en noticieros y leído en la prensa que, uno de cada diez españoles es adicto al trabajo. Antes de hablar sobre ello, definamos primero qué es una adicción de una manera clara, corta y pidiendo disculpas por no tocar todas las vertientes del problema, ya que sería imposible en un solo “post”.

De una manera muy general podríamos dividir a las adicciones en adicciones a sustancias y adicciones conductuales, aunque ambas son, en esencia, muy similares:

- Llamamos adicciones a sustancias a aquellas en las que una sustancia llega al cerebro a través de la sangre y produce cambios en su forma de funcionar. Estos cambios producen la adicción. Ejemplos de adicciones a sustancias son: el tabaco, el alcohol, la cocaína, el cannabis, la heroína o las anfetaminas.

- Llamamos adicciones conductuales a aquellas en las que determinadas conductas que cumplen unas características muy determinadas son capaces de estimular al cerebro de una forma especial, produciendo finalmente también cambios en su forma de funcionar, que producen finalmente la adicción. Entre las adicciones conductuales encontramos: la ludopatía, la adicción al sexo pero también la adicción a internet o a los móviles (tecnofilia). Es curioso que en las pruebas de imagen cerebral se encuentran alteraciones similares en las adicciones conductuales que en las adicciones a sustancias.

 

La adicción al trabajo de la que hablábamos y de la que se hacía eco la prensa y la televisión está enmarcada dentro de las adicciones conductuales. Qué es lo que lleva a las personas a dedicar cada vez más tiempo a su trabajo que a su vida personal? Podríamos citar muchísimas causas, pero hoy voy a hablar de las “externas” a nosotros y cómo nos influyen.

 

Está clarísimo que la crisis está ocasionando cambios profundos en nuestra forma de vida y en las, cada vez más duras, exigencias en nuestros puestos de trabajo. Citemos algunas: a) reducción de plantilla. b) aumento del horario de trabajo. c) reducción de salarios. d) disminución de los presupuestos y aumento de los objetivos a conseguir …. así podría seguir casi infinitamente. Esto dispara en nosotros nuestro nivel de inseguridad y de ansiedad, pudiendo provocar, entre otros síntomas: irritabilidad, insomnio, “alarmas” físicas (dolores de cabeza, espalda, picazón, etc.), estrés, apatía.

 

Nuestra mente puede soportar estos cambios durante algún tiempo, pero cuando duran mucho (cada persona es diferente y el “duran mucho” varía) y vemos que nuestros esfuerzos no dan el resultado obtenido, nos culpamos y pasamos a dar “palos de ciego”, en otras palabras, entramos en una “situación de emergencia permanente” en la que nos responsabilizamos de todo, no delegamos y queremos tener el control de absolutamente todo. El trabajar en demasía (que no eficientemente)  provoca, en esta segunda etapa, una sensación de bienestar y seguridad (a la larga falsas, pero ciertas para nosotros)…  y es ahí cuando aparece la adicción, ya que “necesito” estar en control para sentirme más seguro, aliviado, tranquilo. Pero esta etapa no dura mucho y luego pasamos a la tercera etapa… pero antes de hablar de ella, aquí me gustaría mencionar que también hay ayudas “externas” que hacen fácil que caigamos en este tipo de adicción: internet, la nueva generación de móviles, y en general todas las herramientas que nos sirven para hacernos la vida más cómoda y fácil, pero que por otro lado permiten que, al estar tan “a mano”, caiga fácilmente en el uso abusivo de ellas.

 

La tercera etapa nos lleva a NO controlar nuestras acciones, a conductas compulsivas y perjudica nuestra calidad de vida. Dejamos de lado a nuestra familia, nuestros amigos, nuestros hobbies. Nuestra vida se convierte en trabajo, trabajo y más trabajo. Sin darnos cuenta, nos metemos en un bucle muy negativo, del cual no sabemos cómo salir. Concretamente, en el tema del trabajo, esto es mucho más complejo, ya que, a diferencia de otras adicciones, el estar pendiente de mi trabajo, hacer horas extras, llamar desde mi sitio de vacaciones, está socialmente bien considerado, con lo cual, cuando mi entorno y yo nos hemos dado cuenta que me estoy perjudicando, me cuesta desandar el camino.

 

En estos momentos, en que todos estamos volviendo a la rutina laboral, te aconsejo que prestes atención y, siendo honesto contigo mismo, apuntes todas esas conductas que consideres que son un indicio de que “algo va mal” . Mientras más pronto pidas ayuda, más pronto podrás retomar acciones positivas  que encaucen nuevamente  tu vida profesional y personal.

 

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