Lo que necesito aprender (II)

Os agradezco enormemente la gran acogida que ha tenido mi mensaje de la semana pasada. He recibido muchos y muy bonitos feed-backs. Eso puede significar muchas cosas, pero yo me quedo con la percepción de que os ha gustado y es un tema que nos preocupa a todos.

Por todo lo mencionado, me gustaría hoy continuar con el tema. Decía la semana pasada que el crecimiento empieza donde termina mi percepción de acusación.  Qué quiere transmitir esta frase?

Cuando recibimos feedback del “otro” como asimismo nos comunicamos con el “otro”, percibimos/emitimos una respuesta desde diferentes lugares:
a) desde nuestro estado de ánimo en ese momento.
b) desde mi propia percepción de mí mismo, dependiendo de cuán fuerte sea mi seguridad interior en las diferentes áreas en las que me estoy expresando.

a) A todos nos pasa que hay momentos o días en que sencillamente no nos  encontramos al 100% de nuestras capacidades, ya sea por una molestia física sencilla o una mala noticia que hemos recibido. En esos momentos, somos especialmente sensibles al feedback que recibimos/emitimos, independientemente que sea positivo o negativo. Probablemente si es positivo no me lo crea o adquiriré más seguridad interior, y si es negativo, me sentiré especialmente dolido, ignorado, minusvalorizado y otras innumerables posibilidades que seguro que tú has sentido. Estos estados de ánimo MAXIMIZAN la posibilidad de que yo no “escuche” o no quiera escuchar al otro. Además, también maximizo mis expectativas, creyendo que el otro está al tanto de mi estado de ánimo. En estos casos, te recomiendo que o bien digas que estás especialmente agotado, espeso, inquieto para que el otro pueda saber cómo te encuentras. Esto no significa que el otro te de la respuesta que tú quieres escuchar, pero seguramente buscará palabras más apropiadas para darte feedback (o no, hay gente que aprovecha tus “bajones” para ser aún más duro contigo).

b) Este punto es un poco más complicado.Como decía Ortega y Gasset, “yo soy yo y mi circunstancia”. Mi comunicación siempre está impregnada de “lo aprendido”, y no puedo evitar eso. Los mandatos, órdenes, expectativas que sentí que debía incorporar de niño, se manifiestan sutilmente en mi comunicación. Un ejemplo claro es el idioma en el que me comunico: me enseñaron que expresándome en castellano, los otros me iban a entender, cuando salgo al extranjero, esto NO es necesariamente así…
De la misma manera, yo aprendí a expresarme mimetizándome con las formas de expresión (verbal y no verbal) con la que se expresaban en mi casa. Así, si en mi casa se hablaba a gritos, posiblemente yo me expresaré a gritos, si no hablaban, posiblemente seré una persona poco habladora. Si había muestras de cariño, seré de los que saben dar y recibir muestras de cariño, si no las había, me costará recibir un abrazo de un amigo.
Cuando crecemos e interactuamos más activamente con los otros, estas situaciones que antes parecían “cómodas”, de pronto nos suponen una carga. El sentirme no comprendido, ignorado, alejado o sencillamente ese sentimiento de “culpa” porque siento que el otro no me entiende, y me pide cosas que no estoy dispuesto a conceder me suponen una pesada carga. Esa “culpa” no me permite crecer. En la medida que yo perciba que de alguna manera el otro me está  ”acusando” (reprobando, negando, reprochando, gritando, etc, etc, etc), reaccionaré defendiéndome y justificando mi actuación. Estas situaciones son las más improductivas, paralizantes y negativas en las que lamentablemente, nos vemos inmersos varias veces al día.

Honestidad conmigo mismo, autoconfianza, seguridad interior son las claves para superarlo. Te puedes preguntar a tí mismo: Su respuesta, realmente va dirigida a mí u hoy está espeso, rayado, enfermo?  Es realmente conmigo, o con una pequeña parte mía con la que él se siente incómodo? Qué es lo que realmente está pasando?

Si la respuesta desde tu autoconfianza te indica que NO es contigo, sencillamente acepta que el otro puede tener un mal día, e intenta explicarlo de otra manera.

Si la respuesta desde tu honestidad te dice que realmente es un problema tuyo, adelante! cambia esa parte tuya que se manifiesta todavía de forma errónea y vuelve a intentarlo.

Nadie te acusa, nadie te reprocha, en realidad NADIE TIENE PODER SOBRE TI. En lugar de satisfacer a los otros, o a las creencias que te has formado sobre ti, coge las riendas de tu vida, aumenta tu autoestima y empieza a cortar con todas las relaciones o situaciones que te impiden avanzar. Corta con TU percepción de acusación!!.

Te animo a que lo intentes, así como lo intenta el sol en estos dias lluviosos, intenta salir, brillar, darnos alegría y calor, pero no siempre lo logra…. pero siempre lo intenta y, aunque no lo veamos, el sol siempre está allí…
Aunque tú no lo veas o creas que  tienes una autoestima mermada, está allí, fuerte, segura, completa y serena esperando que TÚ (quién otro?) le des la oportunidad de brillar.

Vivimos en tiempos en los que se nos exige un esfuerzo extra para poder garantizar nuestra estabilidad emocional. En los tiempos que corren se requiere de templanza, seguridad, equilibrio para “sujetar las estanterías” y que no se venga todo abajo. Nadie se libra de ello. Una consulta a tiempo con los profesionales adecuados te puede ahorrar muchos disgustos. No lo dudes! ya que: el “yo puedo con esto” a lo mejor mañana se puede transformar en un “tiro la toalla”.

Si te gustó esta reflexión, ya sabes, un “me gusta”, un RT, compartirlo con tu entorno y por supuesto, tu comentario, nos hace crecer a todos más rápidamente. Un saludo y hasta pronto!!

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