Aquí y ahora.

Hace pocos días, a raíz de lo que me contaba un paciente, me acordé de la siguiente historia, que me gustaría compartir con vosotros:

Había un joven, amante de la música, que sentía algo especial por la dependienta de la tienda de música en donde siempre solía comprar. El joven era muy tímido, y no se atrevía a hablar con ella. Haciendo acopio de valor, iba, compraba su CD favorito y, excepto por las miradas furtivas que le enviaba, nadie hubiese pensado que el joven sentía, en esos momentos, miles de mariposas revoloteando en su interior. La joven, amablemente le cobraba y le envolvía su compra. El joven regresaba a su casa, y era incapaz de abrir el paquete, ya que quería pensar que había sido envuelto especialmente para él.

Así transcurrieron los meses, y en la habitación del joven se acumulaban los paquetes envueltos por la amable dependienta.

Un día, caminando por la calle, el joven tuvo un accidente fortuito y falleció.

Acudieron al sepelio todos los amigos y parientes del joven. Los padres, paralizados por el dolor, soportaron como pudieron el dolor que la vida había puesto en su camino. Al regresar a casa, los íntimos amigos del joven siguieron acompañando a los padres y se apoyaban unos a otros en su dolor ante la magnitud de la pérdida. Todos notaron que se había unido al grupo una joven desconocida (la dependienta de la casa de discos).

Cuando todos se hubieron marchado, excepto la dependienta, la madre tuvo la necesidad de entrar al dormitorio de su hijo. La dependienta, amablemente la acompañó. La madre, al entrar rompió a llorar, y se puso a acomodar la habitación, como forma de mitigar su dolor. Le comentó a la dependienta que no entendió nunca la “manía” de su hijo de comprar los CD y dejarlos con su envoltorio original y sin rasgar, acomodados con mimo en un estante de su habitación. La madre decidió abrirlos, y al hacerlo, comprobó que en todos los paquetes, dentro, había una tarjeta con un nombre y un teléfono…

La dependienta le dijo que era su nombre y su número de teléfono, que lo había hecho con la esperanza de que él la llamase….

Como ves… no hay otro momento que el aquí y ahora!! y esto vale para todas las áreas de nuestra vida. Sólo comunicando asertivamente nuestras necesidades, podremos conseguir lo que deseamos. Recuerda: El pensamiento no se requiere, se requiere la acción.

Me despido, esperando vuestros comentarios, con una frase de Weisman: Si no yo, quién? Si no ahora, cuándo? y diciendoos el título de la foto que ilustra este “post”: mensaje inconcluso. Qué mensajes tuyos sueles dejar inconclusos?

 


9 comentarios

  1. Albert

    Muy bueno!. Una excelente forma de explicar el concepto!

    ;-)

  2. Guillem

    Cuántas cosas me he perdido…

  3. Margarita

    Gracias!! qué verdad dices

  4. Pepa

    Me quedó claro, muy claro.

  5. Luisa

    Me he acordado de todos las oportunidades que he dejado pasar. Gracias

  6. Rosa

    me he aprendido la canción que pusiste en tu conferencia, y al leer este cuento me he acordado, por suerte, siempre hay una nueva oportunidad.

  7. Rosa

    mensaje inconcluso, encaja perfectamente con lo que siento.

  8. Cristina

    Me ha gustado mucho esta historia…a mí me cuesta también expresar mis sentimientos, aunque intento que no me pase como a este chico :)

  9. Muy muy bueno!! de verdad 5 *****, si, es verdad, el unico momento existente es el momento presente, ni un segundo mas ni menos, ese ya no existe.

    Felicitaciones por el blog, le invito a conocer el mio http://bawbel.com

    Saludos

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