El ciempiés

En mi último post en el que comentaba el artículo de Roland Clift aparecido en la contra de La Vanguardia, os mencioné que había recordado una parábola que podía ilustrar con un ejemplo la “zona de comodidad”.
Aquí va la parábola, con afecto espero que os guste, y os animo a que comentéis: cómo definiríais la zona de comodidad… de quién? (hay dos personajes en la parábola… de quién hablamos?) cómo llamarías a la zona de comodidad de….?
Recibe un afectuoso saludo.

Un pequeño caracol se arrastraba despacito con su pesada casa a cuestas por un estrecho camino. Era un hermoso día de verano y el pequeño caracol iba cantando alegremente. Se tomaba su tiempo, deteniéndose de vez en cuando para disfrutar del calor de los rayos del sol.
De repente, se oyó el trueno de incontables pies que hicieron vibrar el suelo. El caracol se dio media vuelta y vio aparecer a un ciempiés tomando una curva a una velocidad trepidante. Hubiera arrollado al pequeño caracol si, en el último momento, éste no hubiera lanzado un buen grito. El ciempiés frenó justo detrás de él, tan de golpe que sus innumerables patitas acabaron enredándose desesperadamente entre sí.
Tú, caracol – le gritó – ¿Qué haces en medio de mi camino? Tengo prisa!.
El caracol lo miraba asustado, pues él no había tenido intención de molestarlo.
Turbado, escuchó la serie de insultos que le lanzaba el ciempiés, hasta que éste terminó de arreglar sus patas.
Déjame pasar! Ya me has entretenido demasiado, volvió a increpar el ciempiés.
El caracol respondió:
De verdad te dejaría espacio para que pudieras adelantarme. Pero mira a tu alrededor. Este sendero es demasiado estrecho y no cabemos los dos.
Entonces el ciempiés se fijó por primera vez en el lugar donde se encontraba, pues con las prisas nunca se había interesado en absoluto por nada de lo que le rodeaba. Se dio cuenta de que el caracol tenía razón. A un lado y al otro del estrecho camino se alzaban rascacielos de hierba, y el camino era de piedrecillas que hubieran roto las patas de cualquier ciempiés. Al comprobar que no le quedaba más remedio que proseguir el resto de su camino detrás de aquel lento caracol, gritó desesperado: No tengo tiempo!
El caracol no se dejó acobardar y prosiguió despacio su camino, a ritmo de caracol. El ciempiés, nervioso, iba dando pasitos tras él, preguntándole cientos de veces si no podía arrastrarse más deprisa. En algún momento, después de mucho rato, se tranquilizó al darse cuenta de que toda aquella prisa no le servía de nada. Así que continuó caminando pesadamente y en silencio detrás del caracol…
Entonces, por primera vez en su ajetreada vida, se fijó de verdad en lo que le rodeaba. Alzó la vista hacia el cielo y se frotó con incredulidad sus ojos. Nunca había visto un cielo azul como aquél. Y el sol! qué agradable sensación sentir el calor de sus rayos! Y las flores! Qué perfume tan embriagador! El ciempiés se sintió increíblemente feliz. Descubría nuevas cosas maravillosas.
En ese descubrimiento, no se percató de que el caracol se había detenido de pronto. Chocó con él y le preguntó:
Qué sucede?
Es que no lo ves? – le respondió el caracol- Ahora el camino es más ancho, puedes adelantarme. Siento haberte entretenido.
El ciempiés adelantó prudentemente al caracol, mientras, dulcemente le decía:
No! Te doy las gracias por ello! Hoy he aprendido mucho, gracias a tí!

Y LENTAMENTE PROSIGUIÓ SU CAMINO, CANTANDO Y FELIZ!!

2 comentarios

  1. Lurdes

    Los dos personajes son una persona que esta feliz con su vida y que a conseguido ir al Tempo giusto ( caracol) y otro que va al ritmo de la vida actual ( ciempies) y algo externo ( caracol) le hace frenar de golpe. El rápido sale de su zona de confort al reducir la marcha y vivir el momento presente, al darse cuenta que hay algo más a parte de correr por la vida. Supongo que esto aplicado a la vida es que debemos frenar, parar, mirar todo lo bueno que nos rodea y saborearlo… a veces cuesta recordarlo pero lo intenteré. Un saludo

  2. Hola Lurdes!
    Bonito comentario. El caracol va a su ritmo, y el ciempiés va acelerado (a pesar de que probablemente puede ir más rápido por la estructura de su cuerpo).
    Al salir de su zona de comodidad, que es ir acelerado, reacciona agresivamente, a pesar de que el caracol NO PUEDE ir más rápido. No respeta el ritmo del otro.
    Muchas veces digo a mis pacientes “acelerados” y también a mí mismo cuando noto que me estoy sobrecargando de trabajo: HAY TIEMPO PARA TODO. Eso me hace automáticamente desacelerar y hacer las cosas con otro ritmo, ni mejor ni peor, diferente. Priorizar lo importante para cada uno y hacerlo es una de las formas para lograr la excelencia. Aquí entran los valores de cada uno, qué es importante para mí? un café con un amigo o terminar un informe? un paseo con mi pareja o una ruidosa discoteca? en fin… cada uno elige.

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