Había un anciano sabio…

Siempre estamos evolucionando, aunque los resultados indiquen, a veces, lo contrario. Nada ni nadie puede interrumpir este proceso, y aunque nosotros nos “castiguemos” haciendo cosas que sabemos que nos hacen daño, en algún momento tendremos que hacer un alto y revisar qué es lo que no me está funcionando. Quería compartir hoy con vosotros un cuento anónimo, que ilustra este proceso. Se llama el Anciano Sabio, y dice así: Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada de un pueblo. Un día, un joven se le acercó y le preguntó: -Yo nunca he venido por estos lugares. ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad? El anciano le respondió con otra pregunta: -Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes? El joven respondió: -Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allí. – Pues los habitantes de esta ciudad también son así, egoístas y malvados, le respondió el anciano. Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta: -Voy llegando a este lugar. ¿Cómo son los habitantes de esta ciudad? El anciano de nuevo le contestó con la misma pregunta: -¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de donde vienes? -Eran buenos, generosos, hospitalarios y trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos. -También los habitantes de esta ciudad son así – respondió el anciano. Un hombre que había llevado sus animales a tomar agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó, le dijo al anciano: -¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas? -Mira – le respondió – Cada uno lleva el universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo hallará aquí. En cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará también aquí amigos leales y fieles. Porque las personas son lo que encuentran en sí mismas; encuentran siempre lo que esperan encontrar. Las personas tenemos tendencia a rodearnos de otros seres que comparten en gran medida nuestro estilo de vida. Y si estamos rodeados de gente, por ejemplo, egoísta, es porque en alguna medida también lo somos. Por el contrario, si estamos rodeados de personas amistosas, es porque nuestro temperamento es también amistoso. Si no somos propensos a algo, por ejemplo a la amistad, aunque nos rodeemos de personas que cultivan la amistad como un verdadero tesoro, nunca lograremos abrirnos completamente a ese sentimiento, ya que nuestra esencia no lo considera como una opción. Nuestra esencia nos lleva hacia sujetos de esencias semejantes. Por eso, los pobres de espíritu, aquí o allá, se conectaran con espíritus también pobres. En cambio, los ricos de espíritu buscarán, estén donde estén, a quienes puedan contribuir a incrementar su riqueza. Llámalo esencia, energía, voluntad, intuición, niño interior, alma, corazón… da igual…la cuestión es dejar de lado nuestras limitaciones, desconfianzas, muros y reinventanos desde lo que verdaderamente somos, ser honestos con nosotros mismos y mostrar al mundo nuestras reales habilidades y competencias. No te creas lo que te han dicho, o lo que te has creído que debes ser, sino simplemente actúa desde lo más positivo tuyo y verás como irás encontrando a personas como tú, que te ayudarán a reencontrar tu camino y a CRECER. No es esto maravilloso? Qué puedes perder? Merece la pena seguir agarrado a creencias limitantes, o simplemente hacer como hace la primavera, que sin grandes demostraciones, simplemente sabes que llega cuando aparece la primera flor en tu jardín?


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