La satisfacción

En un día otoñal el maestro del monasterio reunió a los monjes y les comunicó que al día siguiente iban a recibir la visita de un Gran Maestro que estaba de peregrinación y les hacía el enorme honor de visitar su monasterio. Para honrar su presencia los monjes debían limpiar de hojas el jardín para que estuviera perfecto para la visita del Gran Maestro.
Ilusionados los discípulos con la visita, se pusieron manos a la obra y fueron recogiendo las numerosas hojas que había en el suelo, una por una y depositándolas en unos grandes sacos. Cuando acabaron su tarea estaban muy satisfechos y llamaron al Maestro para mostrarle el resultado y preguntar dónde debían tirar las hojas recogidas.
El maestro se acerco, observó el jardín con aire satisfecho pues en él no quedaba ni una sola hoja y entonces cogió los sacos y los volcó de nuevo en el jardín. Los monjes no pudieron reprimir un sonido de asombro y uno de ellos se atrevió a preguntar:
- Maestro, ¿por qué nos has hecho recoger las hojas para volverlas a tirar?
- El jardín está bien como está, con sus hojas. Pero vosotros debéis aprender que el énfasis hay que hacerlo recaer en el esfuerzo, no en el resultado. Los resultados de nuestros esfuerzos van y vienen. Pero el esfuerzo y la satisfacción por la tarea realizada, cuando se hace con placer, permanece para siempre.

Ojalá nos hubieran enseñado esto en el cole!!, qué diferente hubieran sido nuestras vidas!…. Pero no tenemos la máquina del tiempo para retroceder en el tiempo, pero sí podemos aceptar el pasado, reordenar nuestro presente y enfocarnos en nuestros objetivos.

Esto requiere de tiempo, paciencia, y NO estar orientado a los resultados, sino en el esfuerzo, la valentía, el vivir en el presente, en lo que verdaderamente es para siempre: mi bien-estar, el autoconocerme, el vivir plenamente.

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