Patrones Aprendidos II

 

Para profundizar un poco más en el tema del post anterior (Patrones Aprendidos), y luego de releer la biografía del filósofo Ludwig Wittgenstein, me atrevo a escribir este segundo post.

L. Wittgenstein nació a finales del siglo XIX en el seno de una de las familias más ricas de Austria. Vivió y creció en un ambiente refinado, culto y lujoso, pero a los 30 años decidió renunciar a todo esto y se retiró al campo a trabajar como maestro rural. Su familia era una enamorada de la música, y en su casa había una docena de pianos de cola. Era común ver en las veladas que organizaban a compositores de la talla de Brahms, Strauss o Mahler. Varios de sus hermanos fueron excelentes concertistas mientras que su hermana Hermine fue una conocida pintora y una afamada coleccionista de arte. A pesar de tanta belleza que los rodeaba, y tanto amor al arte, tres de sus cuatro hermanos varones acabaron suicidándose.

Antes de dedicarse a la filosofía, L.W. estudió ingeniería. Tenía obsesión por la aeronáutica y en 1910 patentó el primer motor de avión a reacción del mundo.

El dolor provocado por la Primera Guerra Mundial (al pasar varios meses en un campo de prisioneros) provocó un inmenso cambio personal en él. Allí escribió su Tractactus Logico-Philosophicus, de apenas 60 páginas que cambió definitivamente la historia de la filosofía moderna.

Te seguiré contando más en otra entrega. Simplemente agregar que se lo compara con filósofos de la talla de Sartre o Heidegger y se lo califica de complejo, hermético, hipnótico y su simple nombre provoca respeto.

Te invito a que enlaces estos dos “posts” y compartas con todos lo que aprendes acerca de “los patrones aprendidos”.

Hasta pronto!!

4 comentarios

  1. Alba

    Un buen ejemplo de que todos estamos sometidos a las expectativas de nuestras familias.

  2. Bertran

    Hace falta romper con todo para avanzar?

  3. Carla

    Espero la tercera entrega, me muero de curiosidad.

  4. admin

    Hola Bertran!

    No, no hace falta romper con todo. Generalmente sucede que tenemos la necesidad de romper con todas las cargas del pasado, pero esa no es la actitud más apropiada, ya que “el pasado” nos perseguirá y se repetirán las situaciones. Lo más correcto es una buena elaboración, un profundo “darse cuenta”.
    Recibe un afectuoso saludo

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